09 septiembre 2026
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Por Michal Maslowski, Chief Digital and Information Officer, D-Marin
En el pasado, los propietarios de embarcaciones que llegaban navegando a un puerto deportivo sabían más o menos qué podían esperar al atracar o hacer escala. Quizá era necesario localizar a alguien que entregara una llave física o acudir a recepción para rellenar largos formularios. Probablemente también había que hablar con el capitán del puerto para entender la distribución de la marina y saber dónde conectar la electricidad.
Pero las cosas han cambiado.
Las tecnologías aplicadas a los puertos deportivos están evolucionando rápidamente, y estas innovaciones están creando una experiencia mucho más fluida para los navegantes que llegan para atracar o disfrutar de unas vacaciones. Hoy, los propietarios de embarcaciones esperan una experiencia mucho más digital, sencilla y fluida que hace una década.
Sin embargo, lo digital no tiene por qué significar una experiencia menos personal. Utilizada de la manera adecuada, la tecnología puede eliminar tareas administrativas innecesarias y proporcionar a los equipos de las marinas más tiempo y mejor información para centrarse en el servicio personalizado que más valoran los clientes.
La tecnología reduce las fricciones y permite dedicar más tiempo a los clientes
Existe un coste real asociado a las fricciones que se producen cuando la experiencia de atraque no es fluida. En D-Marin hemos comprobado cómo los servicios digitales pueden eliminar pasos innecesarios y hacer que las interacciones cotidianas en la marina sean más rápidas y sencillas.
Pero el objetivo no consiste simplemente en digitalizar una mayor parte del recorrido del cliente. Se trata de eliminar aquellas tareas rutinarias que la tecnología puede gestionar de manera eficiente, para que nuestros equipos puedan dedicar más tiempo a las interacciones en las que el trato personal realmente marca la diferencia.
Según un informe de Research and Markets de 2025, se prevé que el mercado mundial de puertos deportivos crezca de 18.990 millones de dólares a 25.120 millones de dólares en 2030, impulsado específicamente por la inversión en tecnologías inteligentes, la gestión automatizada de marinas y los sistemas digitales de reserva y pago.
No se trata de una tendencia de nicho; es la dirección en la que avanza el sector. Sin embargo, los operadores que más se beneficien no serán necesariamente aquellos que implanten más tecnología, sino los que la utilicen de manera más eficaz para mejorar la experiencia del cliente.
En D-Marin hemos invertido más de 20 millones de euros en infraestructura digital en los últimos años, pero quiero dejar claro qué significa realmente esta inversión: es un proyecto de experiencia del cliente, no un proyecto tecnológico.
Actualmente contamos con más de 3.000 Smart Pedestals y 10.000 Smart Sensors desplegados en toda nuestra red, lo que ofrece a los propietarios acceso en tiempo real a información clave. Igual de importante es que esta tecnología proporciona a nuestros equipos mejor información y les permite anticiparse a las situaciones en las que puede ser necesario ofrecer asistencia.
El objetivo no es sustituir la experiencia humana, sino mejorarla.
Francesco Antolini, propietario de un Sunseeker Manhattan 68 con base en D-Marin Punta Faro, lleva más de 30 años navegando en yate. Ha vivido personalmente la enorme evolución de la tecnología aplicada a los puertos deportivos durante este tiempo y lo que hoy puede ofrecer a los navegantes:
«La diferencia entre una marina que ha adoptado la tecnología y otra que no lo ha hecho no es sutil: se nota inmediatamente. Poder gestionar mi embarcación a distancia, supervisarlo todo desde el teléfono y llegar sabiendo que todo está ya preparado cambia por completo la calidad de la experiencia. D-Marin sigue elevando el listón cada año, y eso es importante para alguien que pasa tanto tiempo en el agua como yo. La tecnología ya no es un extra. Es una de las razones por las que sigo aquí».
La experiencia en un puerto deportivo en la era digital debe seguir siendo personal
Un informe reciente señala que se prevé que el mercado mundial de software para la gestión de marinas prácticamente se duplique de aquí a 2035, con un crecimiento anual del 7,54 %, impulsado por la creciente digitalización y la demanda de una mayor eficiencia operativa.
Sin embargo, el cambio más profundo no tiene que ver con las aplicaciones o los sensores de manera aislada. Se trata de hasta qué punto un sistema integrado de gestión de la marina ayuda a sus profesionales a ofrecer una mejor experiencia.
En D-Marin podemos comprobar en la práctica los resultados de esta integración. El 93 % de nuestros huéspedes utiliza la aplicación de D-Marin para asegurar sus amarres de forma remota y acceder en tiempo real a los datos de los Smart Sensors durante su estancia.
Esto proporciona tranquilidad a los clientes cuando se encuentran lejos de su embarcación. Nuestros datos pueden alertar de un problema antes de que se agrave, permitiendo que nuestro equipo actúe inmediatamente. El sistema puede identificar que algo requiere atención, pero son nuestros profesionales quienes intervienen, resuelven el problema y tranquilizan al cliente.
Grand View Research señala que el 71 % de los huéspedes prefiere actualmente realizar sus reservas a través del smartphone. Este enfoque mobile-first en la gestión de los puertos deportivos es algo que tanto los huéspedes como los propietarios de embarcaciones han pasado a considerar como parte natural de la experiencia.
Pero la comodidad, por sí sola, no genera fidelidad. Las mejores experiencias en una marina combinan la facilidad que ofrece la tecnología con la tranquilidad, la experiencia profesional y la atención personal de un equipo experimentado. En D-Marin, esta combinación se refleja en un Net Promoter Score (NPS) de 64.
Por tanto, el futuro de la experiencia en los puertos deportivos no consiste en elegir entre tecnología y personas. Los operadores con mayor éxito serán aquellos que sepan combinar ambas: utilizando herramientas digitales para eliminar fricciones, hacer que las interacciones rutinarias sean fluidas e identificar los problemas con mayor antelación, al tiempo que permiten que sus equipos dediquen más tiempo a aquellos momentos en los que el servicio personal resulta verdaderamente importante.
Para mí, esa es, en última instancia, la verdadera medida del éxito de una transformación digital: no cuánta tecnología implantamos, sino hasta qué punto esa tecnología ayuda a nuestros profesionales a ofrecer una mejor experiencia a nuestros clientes y, en definitiva, a construir el tipo de fidelidad que la tecnología, por sí sola, nunca podría generar.
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